En Camino Sainz Martínez, donde el pueblo empieza a diluirse en el monte, Casa Lobos funciona como bar de tapas y refugio nocturno. La cocina apunta a platos chicos para compartir y la barra a una coctelería creativa, esa combinación que invita a quedarse sin apuro. Es un lugar de escala intermedia, más íntimo que los grandes paradores, pensado para el que busca picar rico, brindar y dejar que la noche se estire.
Abre de jueves a domingo al caer la tarde, en sintonía con el pulso de José Ignacio, donde la vida arranca cuando baja el sol. Entre tragos de autor y bocados para pasar de mano en mano, arma un clima de barrio que rota entre veraneantes y quienes trabajan en la zona. Si querés esquivar la formalidad del restaurante clásico y armar una previa con onda, Casa Lobos cumple.
