Empezó como un kiosco de dos por dos y hoy es uno de los paradores más buscados de Playa Brava: en plena temporada El Chiringo llega a recibir unas 500 personas por día. La fórmula es simple y difícil de copiar: lujo descalzo, madera, lona y arena, con una cocina de producto local que va de los mariscos frescos a los platos de inspiración mediterránea, empanadas al horno de leña incluidas.

Más que un restaurante es un punto de encuentro: hay música en vivo, clases de yoga y eventos que arrancan con el mediodía y se estiran hasta el atardecer. Abre todos los días de 10 a 20 durante la temporada, que corre de diciembre a Semana Santa, y conviene reservar en las semanas pico de enero. Andá con tiempo: el atardecer desde la Brava es parte del menú.