Marismo es de esos lugares que definen el espíritu de José Ignacio: un restaurante escondido sobre la calle La Farola, a la altura del km 185 de la Ruta 10, donde se cena al aire libre, con arena bajo los pies, velas y fuegos encendidos por todos lados. El proyecto de Federico Desseno lleva años siendo cita obligada del verano, y su cocina gira alrededor de las brasas y el horno de leña.
La carta se apoya en pesca del día, cordero, verduras asadas y panes que salen del propio fuego, con guiños mediterráneos y mucha mano de casa. Conviene reservar y llegar con tiempo para disfrutar el atardecer entre los pinos. Abre solamente en temporada —suele bajar la persiana a fin de febrero—, así que si estás por la zona en verano, no lo dejes pasar: chequeá fechas en su Instagram antes de ir.
