Para un perro que nunca vio el mar, la orilla de la laguna es mejor punto de partida que la costa oceánica: no hay rompiente, el fondo entra despacio y el agua se calienta antes. También es el lugar donde más hay que mirar alrededor, porque es un área protegida con aves que nidifican sobre la arena.

La laguna, con distancia de los bañados

La Laguna Garzón integra el Sistema Nacional de Áreas Protegidas desde 2014. Las reglas para el visitante son pocas y de sentido común —no acercarse a nidos ni a colonias de aves, no dejar residuos, mantenerse en senderos y zonas habilitadas, no meter el auto fuera de los caminos autorizados—, pero con perro la primera pesa el doble: varias especies nidifican directamente sobre la arena y un perro suelto las levanta sin darse cuenta. Correa cerca de los bañados y de los juncales, y listo.

El agua es salobre: la laguna se conecta con el mar cuando se abre la barra. Sirve para refrescarse, no para tomar. Llevá agua dulce y un bebedero plegable, y enjuagá al perro cuando salga, porque la sal reseca la piel y termina en lamidas que no querés.

Un detalle de temporada: la laguna es zona de kitesurf, con áreas habilitadas y horarios de mucho viento. Una cometa que cae cerca asusta a cualquier perro. Si hay kites en el agua, caminá por otro lado.

Del lado del océano

En José Ignacio la Brava rompe fuerte y no es lugar para que un perro entre al agua, ni siquiera un buen nadador: la corriente de resaca no distingue especies. La Mansa es más calma y tiene tramos largos para caminar fuera de las horas pico. La playa de La Juanita es la más tranquila de las tres y la que mejor funciona con perro.

Varios balnearios de la zona no tienen guardavidas, o sólo los tienen en temporada. Si no hay nadie para asistirte a vos, tampoco lo hay para tu perro. Y en enero y febrero las playas céntricas se llenan: temprano a la mañana y al atardecer el plan es otro, con menos gente y arena fresca.

Lo que dice la ordenanza

Hay una regla que conviene conocer antes de bajar a la arena: el artículo 128 del decreto 100/991 prohíbe terminantemente llevar animales de cualquier naturaleza a las zonas habilitadas para baños durante la temporada. Cada intendencia habilita excepciones, y ninguna queda cerca: en Maldonado son tramos de la Mansa (paradas 39 y 40) y la Brava (25, 26 y 27) de Punta del Este, Balneario Buenos Aires, Piriápolis y los arroyos de Bella Vista; en Rocha, la Playa del Faro y La Aguada en La Paloma y una bajada en Barra del Chuy.

Traducido al plan concreto: en temporada, entre José Ignacio y la laguna no hay playa habilitada para perros, así que la arena con guardavidas y servicios queda descartada. Lo que sí queda —y es la mayor parte de la zona— es la orilla de la laguna, los caminos vecinales y los tramos de costa sin zona de baños habilitada, siempre con collar y correa y levantando lo que deja. Fuera de temporada la restricción no rige. Las denuncias por animales en playas no habilitadas las toma Prefectura Nacional Naval (4244 1967).

La arena quema

Entre las 11 y las 17 de pleno verano, la arena seca y el asfalto pueden estar a temperatura de quemar almohadillas. La prueba es vieja y sirve: apoyá el dorso de la mano cinco segundos; si no aguantás, el perro tampoco. Sombra, agua y horarios de borde.

Y un punto de seguridad que en Uruguay conviene tener presente: si el agua está verdosa, turbia o con una película tipo pintura en la orilla, puede haber floración de cianobacterias. Esa agua no se bebe ni se nada, y menos un perro, que se seca lamiéndose el pelo.

Después del baño, revisá entre los dedos: la arena húmeda y la sal irritan, y en los pastizales del entorno hay garrapatas todo el verano. Cómo resolverlo está en la ficha de salud y emergencias.