Bahía Vik es la apuesta más grande de la familia Vik en José Ignacio: cuatro hectáreas de dunas sobre la playa Mansa donde los bungalows se esconden entre la arena y cada habitación es una obra de arte distinta, con intervenciones de artistas uruguayos y contemporáneos. Mirás al oeste, así que los atardeceres sobre el Atlántico son parte del servicio. Es lujo en serio, pero sin corbata: acá se circula descalzo.

Si te gusta que el hotel sea también el plan, este es tu lugar: piscinas, playa privada de hecho, y el parador La Susana pegado para almuerzos largos frente al mar. Además, como huésped podés usar las instalaciones de Playa Vik y Estancia Vik, sus hermanas. Va perfecto para parejas y grupos que buscan la versión más sofisticada de la costa esteña sin resignar clima de balneario.