Playa Vik es la más chica y escultórica de las tres propiedades Vik de José Ignacio: un edificio central de vidrio y titanio rodeado de casas, todo montado frente a la playa Mansa a metros del pueblo. La colección de arte es seria —acá el hotel funciona casi como galería habitada— y la escala íntima hace que se sienta más casa de amigos ricos que hotel. La piscina en voladizo mirando al mar es de las postales más fotografiadas de la zona.
Es ideal si querés estar a distancia caminable de los restaurantes y el faro, pero con la privacidad de un refugio de diseño. Los huéspedes comparten beneficios con Bahía Vik —a unos 500 metros por la playa— y con Estancia Vik tierra adentro, así que tenés campo, playa y gastronomía resueltos desde una sola base. Para viajeros de diseño y parejas en plan especial, difícil superarlo.
