Antes de que José Ignacio fuera José Ignacio, ya estaba la Posada del Faro: abrió en 1991 con un puñado de cuartos y hoy es una posada boutique de quince habitaciones a metros de la bahía, con piscina, biblioteca y vista al mar desde varios rincones. El desayuno se sirve desde las nueve y sin hora de cierre, donde vos quieras: en el jardín, junto a la piscina o en tu habitación. Ese espíritu relajado define toda la casa.

Es la opción para quienes quieren dormir dentro del pueblo, salir caminando a los restaurantes y al faro, y volver a un lugar con historia y trato personal. Prestan bicicletas y carritos de golf para moverte, y funciona todo el año, algo poco común en un balneario tan estacional. Solo adultos, así que el clima es de calma total. Un clásico que sigue estando a la altura.