Tamarindo juega de local en José Ignacio: estás a distancia caminando de las playas y de los restaurantes del pueblo, algo que en esta península vale oro. Tras una renovación y ampliación a cargo del arquitecto argentino Javier Gentile, la posada quedó con 11 habitaciones amplias y una villa, en tonos que dialogan con la playa y el monte de pinos, entre lo moderno y lo cálido.
Los espacios comunes invitan a quedarse: piscina exterior climatizada, terraza al sol, bar, estufa a leña al aire libre para las noches frescas y desayuno incluido para arrancar el día. Los huéspedes la puntúan altísimo, sobre todo por la ubicación y el trato. Es una gran opción si querés vivir el pueblo a pie, con un plan más íntimo y accesible que los hoteles grandes de la zona.
